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Algo está cambiando

“El clima está cambiando: la alimentación y la agricultura también”. Así rezaba el titular que publicaba ayer domingo la FAO con motivo del Día Mundial de la Alimentación.
Algo está pasando, cuando en los últimos años – y por suerte o por desgracia, no podemos ir muy atrás- empezamos a tomar conciencia de cómo la forma de alimentarnos, y de qué manera cuidamos los alimentos desde su siembra hasta que llegan a nuestros hogares, puede repercutir en nuestra salud.

Qué fácil parecía todo cuando los alimentos procedían “del súper” perfectamente envasados y dudosamente etiquetados, y el único argumento que nos convencía acerca de su calidad era el que fueran más caros, o más baratos; o el famoso “tiene buena pinta”.

Hace no mucho, era “de raros” reciclar, mirar las etiquetas, comprar ecológico, o simplemente comprar “a granel”. El preguntar la procedencia del producto ya era para nota, ¿y si el pescado era salvaje o de criadero? ¿acaso lo quieres de mascota? Ni mucho menos, preocuparse por el consumo de proximidad, donde lo más parecido era bajar al pequeño comercio regentado por orientales de debajo de casa.

Es cierto que las modas están ahí, y hoy día, como diría cualquier influencer que se tercie, “comer sano y cuidarse, es un must”. Pero vamos más allá: es tan must que el antiguo “ser agricultor es de pobres” se ha convertido en el nuevo “me he comprado/alquilado un huerto ecológico ¡no puedo creer que todavía no te hayas hecho con uno!” Y ojo, que comprar productos de temporada, nada tiene que ver con todo lo que se vende hasta el periodo de rebajas (festival del humor)

La Revolución Industrial provocó el abandono de generaciones de cultivo y ganadería tradicional, terrenos, e incluso pueblos abandonados a su suerte que jamás imaginaron una reconquista como la actual ¡algunos, incluso los regalan! Algo está cambiando a esta generación dominada por la pantalla de nuestro smartphone, que nos pide a gritos volver a nuestros orígenes; a cuidar, defender y respetar nuestro producto. Que si, todo muy vintage; pero vintage del bueno, del de tradición y sensaciones que dejan una huella indestructible en nuestro paladar.

Desde Tecocina queremos contribuir al cambio, tomar conciencia y fomentar la calidad de vida a través de la alimentación a través del “qué, cómo y dónde”. Nos hemos subido a la ola ¡y en qué momento! El lunes pasado nos llegó la noticia a través de Europa press, de que Valencia ha sido nombrada Capital Mundial de la Alimentación 2017. Esto implica ser un referente en la labor de cambio en los hábitos de la alimentación en las grandes ciudades orientados a hábitos saludables y sostenibles. Nosotros lo tenemos claro, y vamos a poner todo de nuestra parte para contribuir a ello ¿y vosotros? ¿os subís al carro? 😉

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